miércoles, 11 de mayo de 2011

Un sábado como cualquier otro

Así fue, tomé la bici y charrasqueando las velocidades llegué a la inmobiliaria solo para encontarme con la negativa prepotente del vigilante, que con la seña del dedito acusador me negaba la entrada, la causa: —No puede dejar la bicicleta en recepción.
Le rogué, le dije que solo eran unos minutos, su pinche y derecho dedo seguía dándome negativas.
Encadené la bici a la incertidumbre y 10 mins depués ya estaba de regreso sobre av. Reformacon el recibo de pago y escuchando mientras pedaleaba a la matraca que tenía como cambios.
Mientras cruzaba glorietas, hacía cálculos en mis ahorros y decidí cambiarle el chisme a mi cuasi velocípedo. A las dos de la tarde tenía mi reluciente corsel mecánico con los cambios y pedales nuevos. Volví a dar el rol.

lunes, 4 de mayo de 2009

Estrenando

Medio puberto e inocente entré en la prepa, los pantalones rotos y las idas a coruña por ropa de dudosa procedencia y de duración superprobada, las botas de caminata para la nieve compradas de medio uso en tepito, que por cierto jamás las usé en la nieve porque en el DF nunca hay nieve si no es en el inalcanzable ajusco nevado de los noventas. Unos levis 501, el disco oscuro de metallica, los cagantes GunsN´Roses, Extreme, Janes Addiction, Los redhotchillipeppers, la televisión por cable, mi recámara en obra negra, las madrugadas con el olor a la gasolina magna sin, las combis en el metro CU... mis primeras pedas.
Los pixies, los aullidos de los pixies.

Faltaron cerca de 17 años para saber mediante un documental, en lo que se había vuelto el grito de Frank Black, se había tornado en leyenda.